miércoles, 8 de abril de 2026

Introducción a la filosofía medieval: Seguimos viviendo en la Edad Media

Seguimos viviendo en la Edad Media

 Actividad:

1. Leer el texto dispuesto a continuación de manera comprensiva, y escribir una síntesis de las ideas más importantes que se establecen en el mismo en la carpeta de clase diaria.

"Seguimos viviendo en la Edad Media", dice Jacques Le Goff Fue una etapa brillante, dice el historiador.

Miércoles 12 de octubre de 2005 | Publicado en edición impresa.


PARIS. – Discípulos y colegas llaman al francés Jacques Le Goff “el ogro historiador”. Es una referencia al desaparecido Marc Bloch, cofundador de l’Ecole des Annales, quien afirmaba que un buen historiador “se parece al ogro de la leyenda: allí donde huele carne humana, sabe que está su presa”.

De un ogro, Jacques Le Goff tiene la estatura y el apetito. También tiene una insaciable curiosidad que lo llevó a transformarse en una referencia mundial sobre la historia de la Edad Media, período al cual el hombre contemporáneo le debe muchas de sus conquistas, dice.

A los 82 años, Jacques Le Goff sigue trabajando, a pesar de la profunda tristeza que le provocó la reciente muerte de su esposa –después de casi 60 años de vida en común– y de una caída que desde 2003 lo mantiene recluido en su departamento de París.

Con cualquiera de sus libros –tantos que podrían formar una biblioteca– todo lector se siente inteligente y erudito.

Aún más que sus condiscípulos George Duby, Emmanuel Le Roy Ladurie y François Furet, Le Goff recurrió a todas las disciplinas para estudiar la vida cotidiana, las mentalidades y los sueños de la Edad Media: ¿antropología, etnología, arqueología, psicología? Sus obras mezclan conocimiento y perspectivas. Con ellas es posible introducirse en un medioevo fascinante, donde se estudiaba y se enseñaba a Aristóteles, Averroes y Avicenas, las ciudades comenzaban a forjarse una idea de la belleza y los burgueses financiaban catedrales que inspirarían a Gropius, Gaudi y Niemeyer. En esa Edad Media masculina, la mujer era respetada, las prostitutas, bien tratadas y hasta desposadas, y solía suceder que las jovencitas aprendieran a leer y a escribir.

-Los historiadores no consiguen ponerse de acuerdo sobre la cronología de la Edad Media. ¿Cuál es la correcta, a su juicio?

-Es verdad que no todos los historiadores coinciden en esa cronología. Para mí, la primera de sus etapas comienza en el siglo IV y termina en el VIII. Es el período de las invasiones, de la instalación de los bárbaros en el antiguo imperio romano occidental y de la expansión del cristianismo. Déjeme subrayar que Europa debe su cultura a la Iglesia. Sobre todo, a San Jerónimo, cuya traducción latina de la Biblia se impuso durante todo el medioevo, y a San Agustín, el más grande de los profesores de la época.

-Usted, gran anticlerical, jamás deja de destacar el papel de la Iglesia en los mayores logros de la Edad Media.

- ¡Pero no es necesario ser un ferviente creyente para hablar bien de la Iglesia! También soy un convencido partidario del laicismo: principio admirable, establecido por el mismo Jesús cuando dijo: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Pero, volviendo a la cronología, la segunda etapa está delimitada por el período carolingio, del siglo VIII al X.

-El imperio de Carlomagno fue, para muchos, el primer intento verdadero de construcción europea.

-Falso. En realidad, se trató del primer intento abortado de construcción europea. Un intento pervertido por la visión "nacionalista" de Carlomagno y su patriotismo franco. En vez de mirar al futuro, Carlomagno miraba hacia atrás, hacia el imperio romano. La Europa de Carlos V, de Napoleón y de Hitler fueron también proyectos antieuropeos. Ninguno de ellos buscaba la unidad continental en la diversidad. Todos perseguían un sueño imperial.

-Usted escribió que a partir del año 1000 apareció una Europa soñada y potencial, en la cual el mundo monástico tendría un papel social y cultural fundamental.

-Así es. Una nueva Europa llena de promesas, con la entrada del mundo eslavo en la cristiandad y la recuperación de la península hispánica, que estaba en manos de los musulmanes. Al desarrollo económico, factor de progreso, se asoció una intensa energía colectiva, religiosa y psicológica, así como un importante movimiento de paz promovido por la Iglesia. El mundo feudal occidental se puso en marcha entre los siglos XI y XII. Esa fue la Europa de la tierra, de la agricultura y de los campesinos. La vida se organizaba entre la señoría, el pueblo y la parroquia. Pero también entraron en escena las órdenes religiosas militares, debido a las Cruzadas y a las peregrinaciones que transformarían la imagen de la cristiandad. Entre los siglos XIII y XV, fue el turno de una Europa suntuosa de las universidades y las catedrales góticas.

-En todo caso, para usted, la Edad Media fue todo lo contrario del oscurantismo.

-Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.

-Pero la Revolución Francesa fue en 1789. ¿No se considera que la Edad Media terminó con la llegada del Renacimiento, en el siglo XV?

-Para comprender verdaderamente el pasado, es necesario tener en cuenta que los hechos son sólo la espuma de la historia. Lo importante son los procesos subyacentes. Para mí, el humanismo no esperó la llegada del Renacimiento: ya existía en la Edad Media. Como existían también los principios que generaron la Revolución Francesa. Y hasta la Revolución Industrial. La verdad es que nuestras sociedades hiperdesarrolladas siguen estando profundamente influidas por estructuras nacidas en el medioevo.

- ¿Por ejemplo?

-Tomemos el ejemplo de la conciencia. En 1215, el IV Concilio de Letrán tomó decisiones que marcaron para siempre la evolución de nuestras sociedades. Entre ellas, instituyó la confesión obligatoria. Lo que después se llamó "examen de conciencia" contribuyó a liberar la palabra, pero también la ficción. Hasta ese momento, los parroquianos se reunían y confesaban públicamente que habían robado, matado o engañado a su mujer. Ahora se trataba de contar su vida espiritual, en secreto, a un sacerdote. Tanto para mí como para el filósofo Michel Foucault, ese momento fue esencial para el desarrollo de la introspección, que es una característica de la sociedad occidental. No hace falta que le haga notar que bastaría con hacer girar un confesionario para que se transformara en el diván de un psicoanalista.

-Usted habla de emancipación de la mujer en la Edad Media. ¿Pero aquella no fue una época de profunda misoginia?

-Eso dicen y, naturalmente, hay que poner las cosas en perspectiva. Yo sostengo, sin embargo, que se trató de una época de promoción de la mujer. Un ejemplo bastaría: el culto a la Virgen María. ¿Qué es lo que el cristianismo medieval inventó, entre otras cosas? La Santísima Trinidad, que, como los Tres Mosqueteros, eran, en realidad, cuatro: Dios, Jesús, el Espíritu Santo y María, madre de Dios. Convengamos en que no se puede pedir mucho más a una religión que fue capaz de dar estatus divino a una mujer. Pero también está el matrimonio: en 1215, la Iglesia exigió el consentimiento de la mujer, así como el del hombre, para unirlos en matrimonio. El hombre medieval no era tan misógino como se pretende.

-La invención del purgatorio, a mediados del siglo XII, parece haber sido también uno de los momentos clave para el desarrollo de nuestras sociedades actuales.

-Así es. Curiosamente, lo que comenzó como un intento suplementario de control por parte de la Iglesia, concluyó permitiendo el desarrollo de la economía occidental tal como la practicamos en nuestros días.

- ¿Cómo es eso?

-La invención del purgatorio se produjo en el momento de transición entre una Edad Media relativamente libre y un medioevo extremadamente rígido. En el siglo XII comenzó a instalarse la noción de cristiandad, que permitiría avanzar, pero también excluir y perseguir: a los herejes, los judíos, los homosexuales, los leprosos, los locos... Pero, como siempre sucedió en la Edad Media, cada vez que se hacían sentir las rigideces de la época los hombres conseguían inventar la forma de atenuarlas. Así, la invención de un espacio intermedio entre el cielo y el infierno, entre la condena eterna y la salvación, permitió a Occidente salir del maniqueísmo del bien y del mal absolutos. Podríamos decir también que, inventando el purgatorio, los hombres medievales se apoderaron del más allá, que hasta entonces estaba exclusivamente en manos de Dios. Ahora era la Iglesia la que decía qué categorías de pecadores podrían pagar sus culpas en ese espacio intermedio y lograr la salvación. Una toma de poder que, por ejemplo, permitiría a los usureros escapar al infierno y hacer avanzar la economía. También serían salvados de este modo los fornicadores.

-Pero hasta la aparición del sistema bancario reglamentado, en el siglo XVIII, tanto la Iglesia como las monarquías sobrevivieron gracias a los usureros. ¿Por qué condenarlos al infierno?

-Porque así lo establecían las escrituras, como en la mayoría de las religiones. En el universo cristiano medieval, la usura era un doble robo: contra el prójimo, a quien el usurero despojaba de parte de su bien, pero, sobre todo, contra Dios, porque el interés de un préstamo sólo es posible a través del tiempo. Y como el tiempo en el medioevo sólo pertenecía a Dios, comprar tiempo era robarle a Dios. Sin embargo, el usurero fue indispensable a partir del siglo XI, con el renacimiento de la economía monetaria. La sed de dinero era tan grande que hubo que recurrir a los prestamistas. Entonces la escolástica logró hallarles justificaciones. Surgió así el concepto de mecenas. También se aceptó que prestar dinero era un riesgo y que era normal que engendrara un beneficio. En todo caso, y sólo para los prestamistas considerados "de buena fe", el purgatorio resultó un buen negocio.

-La Edad Media también inventó el concepto de guerra justa, vigente hasta nuestros días, como lo demostraron los debates en la ONU sobre la guerra en Irak. Curioso, ya que el cristianismo es portador de un ideal de paz. Hasta se podría decir que es antimilitarista.

-Es verdad. Ordenándole a Pedro que enfundara su espada, Cristo dijo: "Quien, a hierro mate, a hierro morirá". Los primeros grandes teóricos cristianos latinos eran pacifistas. Pero todo cambió a partir del siglo IV, cuando el cristianismo se transformó en religión de Estado.

-En otras palabras, los cristianos se vieron obligados a cristianizar la guerra.

-En esa tarea tendrá un papel fundamental San Agustín, el gran pedagogo cristiano. Para él, la guerra es una consecuencia del pecado original. Como éste existirá hasta el fin de los tiempos, la guerra también existirá por siempre. San Agustín propuso, entonces, imponer límites a esa guerra. En vez de erradicarla, decidió confinarla, someterla a reglas. La primera de esas reglas es que sólo es legítima la guerra declarada por una persona autorizada por Dios. En la Edad Media, era el príncipe. Hoy es el Estado, el poder público. La segunda regla es que una guerra es justa sólo cuando no persigue la conquista. En otras palabras: las armas sólo se toman en defensa propia o para reparar una injusticia. Esas reglas siguen perfectamente vigentes en nuestros días.

- ¿Se podría decir que el hombre medieval trataba de preservar la cristiandad de todo aquello que amenazaba su equilibrio?

-Constantemente. Déjeme evocar como ejemplo el que para mí fue el aspecto más negativo de la época: la condena absoluta del placer sexual, simbolizado por el llamado "pecado de la carne". La alta Edad Media asumió las prohibiciones del Antiguo Testamento. Desde entonces, el cuerpo fue diabolizado, a pesar de algunas excepciones, como Santo Tomás de Aquino, para quien era lícito el placer en el acto amoroso. Frente a la opresión moral, la sociedad medieval reaccionó con la risa, la comedia y la ironía. El universo medieval fue un mundo de música y de cantos, promovió el órgano e inventó la polifonía.

-Hace un momento hizo referencia a los fornicadores que tuvieron un lugar en el purgatorio. ¿Cómo fue esto posible en una época de tanta represión sexual?

-Hay una anécdota que ilustra perfectamente la dualidad medieval. El rey Luis IX de Francia, que después sería canonizado como San Luis, tenía una vitalidad sexual desbordante. En los períodos en que las relaciones carnales eran lícitas (fuera de las fiestas religiosas), el monarca no se contentaba con reunirse con su esposa por las noches. También lo hacía durante el día. Esto irritaba mucho a su madre, Blanca de Castilla, que en cuanto se enteraba de que su hijo estaba con la reina intentaba introducirse en la habitación para poner fin a sus efusiones. Luis IX decidió entonces poner un guardián ante su puerta, que debía prevenirlo y darle tiempo de disimular su desenfreno. Ese hombre lleno de ardor tuvo once hijos y cuando partió a la Cruzada, en 1248, llevó a su mujer, a fin de no privarse de sus placeres sexuales. ¡No imaginará usted que la Iglesia podía enviar a San Luis a arder en el fuego eterno del infierno!

- ¿También podríamos decir que la Edad Media inventó el concepto de Occidente?

-La palabra "Occidente" no me gusta. Pronunciada por los occidentales, tiene un contenido de soberbia para el resto del planeta.

-Pero entonces, ¿cómo definir, por ejemplo, a América, heredera de Europa?

-América ha dejado de ser la heredera de Europa. Lo fue hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando tanto Estados Unidos como el resto del continente dejaron de tener al hombre como centro de sus preocupaciones.

-Usted es un apasionado estudioso de la imaginación colectiva de la Edad Media. ¿Por qué eso es tan importante?

-Felizmente, las nuevas generaciones de historiadores siguen cada vez más esa tendencia. La imaginación colectiva se construye y se nutre de leyendas, de mitos. Se la podría definir como el sistema de sueños de una sociedad, de una civilización. Un sistema capaz de transformar la realidad en apasionadas imágenes mentales. Y esto es fundamental para comprender los procesos históricos. La historia se hace con hombres de carne y hueso, con sus sueños, sus creencias y sus necesidades cotidianas.

- ¿Y cómo era esa imaginación medieval?

-Estaba constituida por un mundo sin fronteras entre lo real y lo fantástico, entre lo natural y lo sobrenatural, entre lo terrenal y lo celestial, entre la realidad y la fantasía. Si bien los cimientos medievales de Europa subsistieron, sus héroes y leyendas fueron olvidados durante el Siglo de las Luces. El romanticismo los resucitó, cantando las leyendas doradas de la Edad Media. Hoy asistimos a un segundo renacimiento gracias a dos inventos del siglo XX: el cine y las historietas. El medioevo vuelve a estar de moda con "Harry Potter", "La guerra de las galaxias" y los videojuegos. En realidad, la Edad Media tiene una gran deuda con Hollywood. Y viceversa. Pensé alguna vez que provocaría un escándalo afirmando que el medioevo se había prolongado hasta la Revolución Industrial. La verdad es que ha llegado hasta nuestros días.

- ¿Se podría decir entonces que seguimos viviendo en la Edad Media?

-Sí. Pero esto quiere decir todo lo contrario de que estamos en una época de hordas salvajes, ignorantes e incultas, sumergidos en pleno oscurantismo. Estamos en la Edad Media porque de ella heredamos la ciudad, las universidades, nuestros sistemas de pensamiento, el amor por el conocimiento y la cortesía. Aunque, pensándolo bien, esto último bien podría estar en vías de extinción.

Por Luisa Corradini para LA NACION

Anexo

"Todavía hoy son muchas las personas que, víctimas de la imagen convencional de las "edades oscuras", se imaginan la Edad Media como una época "oscura" incluso desde el punto de vista del color. En esta época, la noche se vive en ambientes poco luminosos: en cabañas alumbradas a lo sumo por el fuego del hogar, en las estancias amplísimas de castillos iluminados por antorchas o en la celda de un monje a la débil luz de un candil, y a oscuras (además de inseguras) eran las calles de los pueblos y las ciudades. No obstante, esta es una característica propia también del Renacimiento, del Barroco y -más tarde aún- del período que se prolonga al menos hasta el descubrimiento de la electricidad. En cambio, al hombre medieval se le ve -o, al menos, se le presenta en poesía y en pintura- en un ambiente muy luminoso. Lo que llama la atención en las miniaturas medievales es que, habiendo sido realizadas tal vez en ambientes oscuros apenas iluminados por una única ventana, están llenas de luz, incluso de una luminosidad especial, producida por la proximidad de colores puros: rojo, azul, oro, plata, blanco y verde, sin matices ni claroscuros. La Edad Media juega con colores elementales, con zonas cromáticas definidas y enemigas del matiz, con la aproximación de tintes que generan luz por la concordancia de conjunto, en vez de ser caracterizados por una luz que los envuelva en claroscuros o haga destilar el color más allá de los límites de la figura. En la pintura barroca, por ejemplo, los objetos son alcanzados por la luz, yen el juego de los volúmenes se dibujan zonas claras y zonas oscuras (véase, por ejemplo, la luz en Caravaggio o en Georges de La Tour). En las miniaturas medievales, en cambio, la luz parece irradiar de los objetos, que son luminosos en sí mismos. Esto es evidente no solo en la época de plenitud de la miniatura flamenca y borgoñona (piénsese en las Tres riches heures du Duc de Berry), sino también en obras de la Alta Edad Media, como las miniaturas mozárabes, realizadas con contrastes muy violentos de amarillo y rojo o azul, o las miniaturas otonianas, donde el esplendor del oro contrasta con tonos fríos y claros, como el lila, el verde glauco, el amarillo arena o el blanco azulado. En la plenitud de la Edad Media, Tomás de Aquino recuerda (aunque retoma ideas que habían sido difundidas ampliamente incluso antes) que para la belleza son necesarias tres cosas: la proporción, la integridad y la "claritas", esto es, la claridad y la luminosidad. 

 - UMBERTO ECCO, Historia de la belleza. Barcelona: Lumen (Sexta edición, 2005) LA LUZ Y EL COLOR EN LA EDAD MEDIA  LUCES Y COLORES

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miércoles, 4 de marzo de 2026

¡Buen inicio del Ciclo lectivo 2026!

 Vamos a estudiar en un primer término La filosofía helenística. Les propongo la lectura del siguiente artículo:

La filosofía helenística: cuatro posturas en el camino a la felicidad

La filosofía helenística (y romana, habría que añadir, dado que la conocemos a través de autores romanos o que habitan en el universo del final de la República y del Imperio) abarca un período muy amplio de la historia de la filosofía antigua. Esta abarca desde el siglo IV a.C. hasta bien entrada la época imperial (siglo II), más de quinientos años en los que el mundo cambió de manera radical en multitud de aspectos. Desde el punto de vista filosófico, es una etapa muy rica en debates y discusiones entre los miembros de las distintas corrientes e incluso entre aquellos que pertenecen a una misma escuela. En este momento, la reflexión filosófica concebirá como una guía que permite al ser humano desarrollar una vida buena por lo que, tanto las cuestiones físicas como las lógicas y, por supuesto, las éticas, tendrán un objetivo básico común: alcanzar una forma de vivir acorde con la naturaleza.

Contexto histórico y duración del periodo helenístico

El periodo helenístico comenzó tras la muerte de Alejandro Magno en el 323 a.C. y se extendió hasta la consolidación del poder romano en el siglo II d.C. Este era un tiempo de grandes cambios políticos y culturales, marcado por la expansión de la cultura griega más allá de sus fronteras tradicionales. Las ciudades helenísticas se convirtieron en centros de intercambio cultural, donde las ideas filosóficas florecieron y se difundieron ampliamente. La interacción entre diferentes culturas y la necesidad de adaptarse a nuevas realidades políticas dieron lugar a una filosofía que era tanto práctica como teórica.

La filosofía helenística se distingue por su enfoque en la ética y la búsqueda de la felicidad individual. En un mundo en constante cambio, las personas buscaban orientación sobre cómo vivir una vida plena y significativa. Las corrientes filosóficas de esta época intentaron proporcionar respuestas a estas inquietudes, centrándose en cómo el individuo puede encontrar la paz interior y la felicidad a través de la razón y la virtud. Así, la filosofía helenística se convirtió en una herramienta vital para enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.

En este contexto, la filosofía dejó de ser una mera especulación teórica y se convirtió en una guía práctica para la vida. Las escuelas helenísticas pusieron un fuerte énfasis en la ética, considerando que el conocimiento debía tener un propósito práctico: ayudar al ser humano a vivir mejor. La filosofía se transformó en un camino hacia la autorrealización y la armonía con el mundo, lo que la hizo accesible y relevante para un público más amplio.

Importancia de la filosofía helenística para el ser humano

La filosofía helenística jugó un papel crucial en la vida de las personas al ofrecerles herramientas para enfrentar las adversidades y encontrar la felicidad. En un mundo lleno de incertidumbres, las enseñanzas de las escuelas helenísticas proporcionaban un sentido de estabilidad y propósito. La búsqueda de una vida buena, en consonancia con la naturaleza y guiada por la razón, se convirtió en un objetivo central para los filósofos de esta época.

Una de las contribuciones más significativas de la filosofía helenística fue su énfasis en la autarquía, o autosuficiencia, como un medio para alcanzar la felicidad. Los filósofos helenísticos argumentaban que la verdadera felicidad no dependía de factores externos, sino de la capacidad del individuo para vivir en armonía con su entorno y consigo mismo. Esta idea de autosuficiencia fue especialmente prominente en el estoicismo y el epicureísmo, que abogaban por la independencia emocional y la moderación como caminos hacia la felicidad.

Además, la filosofía helenística destacó la importancia de la virtud como un componente esencial de la vida buena. Las diferentes escuelas filosóficas tenían sus propias interpretaciones de lo que constituía la virtud, pero todas coincidían en que era un elemento fundamental para alcanzar la felicidad. La virtud, entendida como el alineamiento con la razón y la naturaleza, se convirtió en un ideal que guiaba la conducta humana y ofrecía un marco para la autorreflexión y el crecimiento personal.

-      Martínez, I. (23/02/2023) La filosofía helenística: cuatro posturas en el camino a la felicidad Disponible de manera completa en: La filosofía helenística: cuatro posturas en el camino a la felicidad


jueves, 13 de noviembre de 2025

¿Filosofía?

Habitualmente se considera que hablar de lo que hoy es «la» filosofía es algo bastante difícil por varias razones que pueden ser reducidas a tres: a) porque no existe la filosofía, sino que existen muchas filosofías, muchos modos y razones para llamarse filósofo; b) porque se habla más a menudo y con mayor propiedad de filosofías aplicadas (de la política, de la ciencia, de la lógica, de la religión, etcétera) que de la filosofía entendida como un saber o una conducta de pensamiento o estilo argumentativo puro y desconectado de sus aplicaciones; c) porque existe una difusa sospecha de que la filosofía «como tal» no existe, que es un residuo inútil de la cultura occidental, un tipo de discurso excéntrico o genérico, incapaz de dialogar con las otras formas del saber y de responder a los problemas que plantea nuestra contemporaneidad (por ejemplo: ¿pueden los filósofos responder a las cuestiones ontológicas y morales planteadas por los científicos, o tal vez son los propios científicos, desde el interior de sus disciplinas, los mejor situados para ofrecer esas respuestas?). Mientras que las primeras dos razones corresponden a la verificación de algunos datos de hecho más o menos evidentes, la tercera implica una precisa toma de posición sobre la realidad actual y sobre la idea de filosofía: por tanto, debe definirse como una posición filosófica en sí misma, y también en un sentido comprometido. Esto se produce no tanto o no solo porque la filosofía posee la molesta tendencia a colocarse dialécticamente más allá de los propios límites (según el clásico mandato aristotélico, para poder llegar a decidir no hacer filosofía es necesario hacer siempre filosofía —y esto en el fondo no hace nada más que acentuar la incomodidad epistemológica frente a la propia disciplina), sino también, y sobre todo, porque si existe una posición típicamente «filosófica» identificable dentro de la historia del pensamiento desde la mitad del siglo XIX hasta nuestros días es precisamente esta autocrítica, o también auto refutación de la filosofía. Si existe una tendencia unitaria del pensamiento desde la mitad del siglo XIX hasta hoy (contra cualquier buena argumentación pluralista) es la reflexión sobre el fin de la filosofía, concebido como una amenaza, un dato de hecho, una oportunidad positiva, un programa. Declarar con satisfacción o con pesar el fin presagiado o acontecido de la filosofía ha sido siempre una de las operaciones «filosóficas» más típicas del último siglo. Naturalmente, se trata de un episodio de un recorrido interno de la cultura del fin (endemismo) que domina la fase más reciente de la modernidad. Pero es probable que la responsabilidad y el papel de la filosofía en el interior de la cultura del fin sea en sí mismo particular y merecedor de ser considerado con atención. Familiarizarse con la idea del fin de la filosofía es, además, una de las primeras operaciones que se deben realizar para comprender el pensamiento contemporáneo. No se pueden explicar de otra manera ciertas figuras problemáticas de filósofos-artistas, filósofos-escritores, filósofos negativos, filósofos-científicos de la sociedad, filósofos irónicos, etc., de Kierkegaard a Jacques Derrida, de Marx a Richard Rorty, de Nietzsche a Wittgenstein, Adorno, Jean-François Lyotard. La idea de que hoy pueda existir una imagen de la filosofía capaz de ser descrita en grandes líneas puede ser aceptada, pero con la condición de que se reconozca que en esa imagen debe también figurar el recorrido de la antifilosofía, el «negativo» del pensamiento filosófico, su práctica de autocrítica y de autorrefutación trágica o irónica.

- D'Agostini, F. Analíticos y continentales Guía de la filosofía de los últimos treinta años Introducción 2 ¿Filosofía?

Anexo:

10 libros para acercarte a la filosofía 📚

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Filosofía contemporánea. Ficha de trabajo

Karl Marx: “La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas.”

Pregunta para comenzar el debate: ¿Somos lo que compramos?

Responde de manera escrita en tu carpeta personal:
 ¿En qué sentido el “mundo de las cosas” ha ganado valor sobre las personas? ¿Qué ejemplos ves de esto en tu entorno?

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Friedrich Nietzsche: “No hay hechos, sólo interpretaciones.”

Pregunta para comenzar el debate: ¿Qué es la verdad? 
 
                                      Responde de manera escrita en tu carpeta personal:
 ¿Qué implica decir que “no hay hechos, sólo interpretaciones”? ¿Esto significa que todo vale, o que debemos ser más críticos ante la “verdad”? ¿Qué criterio utilizás en tu vida diaria para decir que algo es verdadero? 

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 Sigmund Freud “El ego no es dueño de su propia casa.” 

 Pregunta para comenzar el debate: ¿Qué hay en mí que decide por mí? 


                                        Responde de manera escrita en tu carpeta personal:
 ¿Qué significa que el “yo no sea dueño de su propia casa”? ¿Podemos conocernos completamente? Justifica tu respuesta. ¿Qué cambia en nuestra forma de vernos si aceptamos que no somos completamente dueños de nosotros mismos? 


jueves, 16 de octubre de 2025

¿Filosofía contemporánea?


"La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas."
                                                 Karl Heinrich Marx (1818 – 1863)

“Contra el positivismo, que se queda en el fenómeno «sólo hay hechos», 
yo diría, no, precisamente no hay hechos, sólo interpretaciones. 
No podemos constatar ningún factum «en sí»: quizás sea un absurdo querer algo así.”
Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844 - 1900)

"El ego no es dueño de su propia casa."
Sigmund Freud

                                           
Podemos afirmar que comienza con la muerte de Hegel porque está en contraposición a su pensamiento, el cual buscaba las esencias abstractas y metafísicas (un pensamiento total). Pero para poder describir en sí sus comienzos es necesario trasladarse a diferentes lugares y momentos de Europa:

-          En Gran Bretaña, el desarrollo del positivismo por Bentham y J.S. Mill se basa en los conocimientos del empirismo.
-          En Francia Comte plantea el positivismo “idealista”; el cual se preocupa por los asuntos sociales y por el estado ideológico del mundo.

Ahora bien, los avances en la ciencia y sus frecuentes triunfos provocan el debilitamiento del pensamiento filosófico, que se hace merecedor de fuertes críticas provenientes de las personas cuya ideología era más bien científica, puesto que dicen encontrar en la ciencia las verdaderas respuestas a sus preguntas.

Al finalizar el siglo XIX, se desarrolla el historicismo, con Dilthey y la fenomenología se desarrolla por medio de Husserl. Ya en el siglo XX surgen personajes como Russell, Wittgenstein, Lévi-Strauss, Sartre, Horkheimer y Habermas promotores de la filosofía Analítica.

Durante el final de este siglo, aparecen filósofos como Jacques Derrida defensores del posmodernismo y del posestructuralismo, quienes buscan cambiar las críticas sufridas por la filosofía, partiendo desde un punto muy diferente al de la metafísica de Hegel. De este modo la filosofía da un giro y hace frente a sus opositores cientificistas, que la criticaron con la mayor severidad.

¿Propuestas?
La filosofía contemporánea propone una crítica al modelo platónico-cristiano que hasta ese tiempo era el vigente en la sociedad occidental. Por eso critica ciertos pensamientos, tales como:

-          La moral: principalmente es criticada por Nietzsche, quién la considera algo que le impide al hombre manifestar su verdadera naturaleza; él defendía su punto de vista diciendo que todo lo que conocemos como moral no es más que un montón de estatutos y leyes rígidas que alejan al ser humano de sus más íntimos deseos.
-          La metafísica occidental: el mundo es esenciado y ordenado, el  ser humano debe cumplir un papel que ya se le asignó de antemano. Con Sartre se comienza a discutir la idea de una naturaleza humana, uno de sus planteos fundamentales es que los seres humanos no somos algo ya determinado, mediante la existencia nos hacemos.  No hay algo más que este mundo. Todos los temores que tenemos son cosas infundadas por nuestros antepasados debido a la incertidumbre de cosas como la vida y la muerte.
-          Las ciencias: no se puede estandarizar las cosas igualándolas y quitándoles su particularidad, esto es lo que la filosofía contemporánea alega. El estudio de las ciencias positivas (cientificismo) sólo da a conocer la monotonía de lo que se observa en la naturaleza: un ciclo que se repite. Así que, utilizar este método es un gran error a la hora de estudiar al ser humano porque éste tiene una personalidad compuesta de deseos, sueños y sentimientos lo que lo convierte en un ser impredecible. También se establece que las decisiones y problemáticas más importantes para los seres humanos superan la visión meramente fáctica (hechos).

-          RODRIGUEZ LOPEZ, R. La Filosofía contemporánea. (Selección de fragmentos) SDE

jueves, 9 de octubre de 2025

¿Qué debo hacer? La teoría kantiana de los imperativos

   


En el epitafio de su tumba se encuentra su célebre frase: 
Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: 
el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí. 

- Kant, I. Crítica de la razón práctica, Conclusión (Losada, Buenos Aires 1977, p. 171).


 Immanuel Kant no solo habló sobre el conocimiento, sino también sobre la moral, es decir, sobre cómo debemos actuar. En su obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant desarrolló una teoría ética basada en lo que él llama imperativos.

¿Qué es un imperativo?

Un imperativo es una orden o mandato. En la vida diaria escuchamos imperativos todo el tiempo, por ejemplo:

  • “¡Hacé la tarea!”

  • “¡No mientas!”

  • “¡Respetá a los demás!”

Pero Kant diferencia entre dos tipos de imperativos:


1. Imperativo hipotético

Este tipo de mandato depende de un deseo o una meta.

  • Ejemplo: “Si querés sacar buenas notas, tenés que estudiar.”

Este imperativo se aplica solo si querés lograr algo. Es condicional: "Si querés X, entonces hacé Y".


2. Imperativo categórico (el más importante)

Este es el tipo de mandato moral verdadero, según Kant. No depende de lo que uno quiera o desee. Simplemente debemos cumplirlo porque es lo correcto.

  • Ejemplo: “No mientas.”
    No importa si te conviene o no. Está mal mentir, siempre.

Kant dice que el imperativo categórico se aplica a todos los seres racionales, en todas las situaciones, sin excepción.


La fórmula del imperativo categórico

Kant da varias formulaciones. La más conocida es esta:

“Obra solo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal.”

 Significa que, antes de actuar, te preguntes:

¿Y si todo el mundo hiciera lo mismo que yo?

Si la respuesta es que el mundo funcionaría mal, entonces esa acción no es moral.

Actividad:

1 . A continuación te presento las siguientes situaciones:

A) Copiarse en un examen para sacar una mejor nota. 

B)  No ayudar a una persona mayor que necesita cruzar la calle. 

C)  Mentirle a un amigo para no herir sus sentimientos. 

D)  No devolver una billetera perdida que encontraste en la calle. 

E)  Faltar a una promesa hecha a un compañero porque no tenías ganas de cumplirla. 

F)  Hacer trampa en un juego para ganar.

2. Analiza cada una de las situaciones respondiendo a las siguientes preguntas y escribe tus respuestas en la carpeta personal:

¿Qué pasaría si todos hiciésemos lo mismo? ¿Puede ser erigida como ley universal esta situación? ¿Es moral o inmoral según Kant? ¿Por qué? 

miércoles, 1 de octubre de 2025

La Filosofía moderna . Introducción a la filosofía de I. Kant

    


        Les propongo la siguiente lectura de la Crítica de la Razón pura, en donde el filósofo Immanuel Kant establece una síntesis entre el Racionalismo y el Empirismo:


    No hay duda de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia. Pues ¿cómo podría ser despertada a actuar la facultad de conocer sino mediante objetos que afectan a nuestros sentidos y que ora producen por sí mismos representaciones, ora ponen en movimiento la capacidad del entendimiento para comparar estas representaciones para enlazarlas y separarlas y para elaborar de este modo la materia bruta de las impresiones sensibles con vistas a un conocimiento de los objetos denominado experiencia? Por consiguiente, en el orden temporal, ningún conocimiento precede a la experiencia y todo conocimiento comienza con ella.

    Pero aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia. En efecto, podría ocurrir que nuestro mismo conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos mediante las impresiones y de lo que nuestra propia facultad de conocer produce (simplemente motivada por las impresiones) a partir de sí misma.

Crítica de la razón pura (Edición de Pedro Ribas, Alfaguara, Madrid 1988 6ª ed., p.41-42)


Observen el siguiente video:

👉El giro copernicano de Kant


Actividad:
A partir de lo que expone el video responde de manera escrita:

1. ¿Por qué la filosofía de Kant realizó un "giro copernicano"?
2. Según Kant: ¿conocemos las cosas en sí o conocemos las cosas según nosotros? ¿Por qué?
3. ¿Qué opinión te merece la propuesta que hace Kant con su nueva filosofía?